Retos a cumplir tras la captura de Artemio
Por:
Luis Andrés García RománMiembro de Coherencia Universitaria
En horas de la mañana del domingo 12 de febrero fue capturado malherido Florentino Flores Hala, el tristemente célebre “Camarada Artemio”. Hay que resaltar las palabras de los ministros Otarola (Interior) y Lozada (Defensa), así como del presidente Ollanta Humala de que la captura de Artemio respondió a las directivas en materia de DD.HH. Durante muchos años, el “Camarada Artemio” fue el hombre más buscado del país, al ser el último líder histórico de Sendero Luminoso (SL) en libertad – tras la captura de Abimael Guzmán en 1992 y la de Feliciano en 1999. Pero, ¿quién era este escurridizo personaje?
Artemio, de origen arequipeño, se unió a temprana edad a las filas de SL tras abandonar el ejército a los 19 años. A diferencia de los líderes históricos de SL, quienes habían cursado estudios superiores, la educación de Artemio solo había sido hasta la secundaria. Sin embargo, esto no fue impedimento para que, gracias a su experiencia castrense, fuese destacado a la zona del Huallaga. Allí creó una célula terrorista de SL y logró enfrentar con éxito al MRTA y a los narcotraficantes colombianos y peruanos, haciéndose con el control del tráfico de drogas en la selva norte del país. Durante ese período se hizo célebre por su crueldad ante los rivales y ante sus propios hombres al haber ordenado la muerte de centenares de personas que consideraba peligrosas para mantener el control de las áreas cocaleras.
Ahí radica el poder y vigencia de las acciones subversivas de los remanentes senderistas desde entonces, ya que, al caer la cúpula senderista en los 90´s y para poder sobrevivir, la estrategia militar de Sendero viró hacia el control de las rutas del narcotráfico (siguiendo el ejemplo de las FARC o las AUC en Colombia tras la destrucción del Cártel de Medellín de Pablo Escobar). No debe asombrar, por tanto, que los principales ataques de las huestes subversivas en los últimos años hayan sido en zonas clave para la producción, acopio y distribución de estupefacientes, como el VRAE, Huallaga o Vizcatán, los cuales eran intercambiados por armamento moderno y dinero ante los narcotraficantes peruanos y, sobre todo, ante los extranjeros.
Ahora, ¿qué queda por hacer a futuro?
El Estado tiene dos misiones importantes por cumplir. En cuanto a la seguridad, debe enfrentar a los últimos remanentes senderistas en el VRAE, Vizcatán y el Huallaga. Asimismo, ha de evitar que, a la salida de SL de la zona, esta pase a poder de los carteles de la droga colombianos o mexicanos, quienes se fueron de esta justamente por el accionar de Artemio al querer monopolizar el control de las zonas productoras de coca. Ya hemos visto en Colombia en los 90´s, así como en México actualmente, lo peligroso que puede significar que existan zonas liberadas del control estatal a favor del narcotráfico.
Por otro lado, está la tarea de informar a la población en general sobre los alcances del accionar nocivo y genocida del senderismo en los años del conflicto interno. La nula información que reciben los jóvenes sobre el conflicto ha permitido que movimientos como el MOVADEF resalten el “pensamiento Gonzalo” y que algunos de ellos terminen abrazando este pensamiento.
Es cierto, el Estado ha conseguido un logro importante con la captura de Artemio y la probable desarticulación del narco-cartel senderista en el Huallaga. Sin embargo, si esto no va acompañado de una estrategia de prevención en la zona, así como de ofrecer oportunidades reales de trabajo y desarrollo a los miles de pobladores que viven del cultivo de coca, lamentablemente podríamos enfrentar un escenario parecido al de otros países de la región.